"Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible.
Aquellos que se han ceñido prudentemente a lo que les parecía factible,
jamás han avanzado un solo paso"
 

 

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Núm. 2

3.1. La guerra de la civilización

La guerra de la civilización
Actividades
Recurso 1
Recurso 2
La Complementaria


La guerra de la civilización

Uno de los temas favoritos de los historiadores es la Guerra y las lecciones que nos aporta. Lecciones de las que debemos aprender. Lecciones de cómo a pesar de su horror han abierto caminos al dominio, a la grandeza, al poder... Si hacemos un análisis de los contenidos veremos que en muchos casos los procesos de cambio en la historia vienen marcados por las más cruentas batallas.

Los periodos históricos vienen determinados por las victorias de unos y las derrotas de otros. El motor del progreso y la historia es la conquista o expansión de unos pueblos sobre el resto. Los protagonistas son los grandes señores de la guerra como Alejandro, Julio Cesar, Carlomagno, Abd-el-Rahman, Jaume I, el Duque de Alba o Napoleón. Demasiadas veces la cultura, la sociedad, la economía o la política de tal o cual periodo histórico queda subordinada a la figura de éstos "protagonistas" de la historia. En torno a la guerra. Como si el único escenario posible de la historia fuera el campo de batalla. La guerra como solución de conflictos y como escenario de enfrentamientos para el poder.

Aprender del pasado para comprender el presente. Aprender del presente para comprender el pasado. Es una máxima muy conocida entre los historiadores. Pero se ha de tener muy claro que la historia en el pasado la escribieron los vencedores. Los ganadores de las mil guerras. Y, por tanto, debemos tener en cuenta que en el presente la historia también la están escribiendo los "vencedores". Sí. En el presente también.

La actual versión de la Historia que se enseña coloca a los vencedores occidentales como los "buenos" en la película de la historia que se consume en libros de texto o en los cines y televisiones en los que se educa la población en general. De momento. Posiblemente, esto será así hasta que el próximo conflicto cambie los papeles de los protagonistas. Ejemplos hay de cómo se han trocado estas maniqueas posiciones en la historia más reciente. De los acuerdos Hitler-Stalin previos a la Segunda Guerra Mundial hasta el sangrante ejemplo de Irak. Hemos sido testigos de cómo Saddam Hussein se ha transformado de aliado de Occidente durante el conflicto Irak-Iran a convertirse en la mismísima reencarnación de Hitler o Stalin. O de los dos juntos. Y la verdad es que se parece... pero no menos que a otros que se tildan asimismo -de una manera muy conveniente- como defensores de valores democráticos y, en cambio, sus actos no difieren tanto de los de Hitler, Stalin y Saddam Hussein.






Actividades

1. Explica la siguiente idea: "Aprender del pasado para comprender el presente. Aprender del presente para comprender el pasado".

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2. Relaciona los siguientes conceptos: "escribir la historia"" y "vencedores occidentales".

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3. Escribe en diez líneas una reflexión crítica alrededor de la idea "el motor del progreso y la historia es la conquista o expansión de unos pueblos sobre el resto" .

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Recurso 1

 

1.Parejas.
Busca una pareja y dialoga con ella sobre casos que conozcáis donde se identifique guerra y avance en la historia. Cambia de pareja y vuelve a hacer lo mismo.

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2. Individualmente. Haz una valoración de conjunto sobre estos casos que han aparecido.

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Recurso 2



“Durante los días que siguieron estuve esperando con impaciencia una llamada de Figueras, que no se produjo. Volví a llamarle yo, volví a dejar otro recado, volví a esperar. Mientras tanto, leí Yo fui asesinado por los rojos, el libro de Pascual Aguilar. Era un recordatorio truculento de los horrores vividos en la retaguardia republicana, uno más de los muchos que aparecieron en España al término de la guerra, sólo que este se había publicado en septiembre de 1981. La fecha, me temo, no es casual, pues cabe leer el relato como una suerte de justificación de los golpistas de opereta del 23 de febrero de ese año (Pascual anota varias veces una frase reveladora que José Antonio Primo de Rivera repetía como si fuera suya: “A última hora siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización”)...” (pàg. 37-38)

Soldados de Salamina, Javier Cercas. Editorial Busquets Editores, Barcelona, 2001.



 

1. Sesenta segundos
Imagina que te ofrecen en TV un minuto para exponer en antena un mensaje crítico sobre la frase arriba atribuida a José Antonio. Piensa qué mensaje querrías comunicar.

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2. Podéis en grupos producir un video con vuestros mensajes. ¿Cuáles son los valores que queréis transmitir?

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La Complementaria

 

Total. Que estábamos allá abajo, a dos palmos de las líneas rusas y aguantando candela mientras intentábamos pasarnos al enemigo como el que no quiere la cosa, y desde su colina, sin percatarse de nuestras intenciones, el Estado Mayor imperial nos tomaba por héroes. Los generales se miraban unos a otros sin dar crédito a lo que estaban viendo. Regardez, Dupont. Oh-la-la les espagnols, quién lo iba a decir. Siempre protestando, que si esta no es su guerra, que si vaya mierda de rancho, y ahora mírelos, atacando en plena derrota, con un par. Nomdedieu. Quién lo hubiera dicho cuando los alistamos para Rusia casi a la fuerza, o esto o pudrirse en Hamburgo. Y se daban unos a otros palmaditas en la espalda porque así, desde su punto de vista, no era para menos, con aquel flanco derecho que estaba literalmente hecho trizas, maizales humeantes llenos de muertos como si alguien se hubiera estado paseando por allí con una máquina de picar carne, los cañones de los Iván dale que te pego y el segundo del 326 siempre adelante, recto hacia el enemigo con la que estaba cayendo. (...)
Por su parte, el Enano no nos quitaba ojo. Cada vez que el humo de las granadas rusas cubría el valle frente a Sbodonovo, arrugaba la frente imperial pegándose el catalejo a la cara, inquieto por la suerte del pequeño batallón solitario que aguantaba el tipo frente a la líneas enemigas donde todos sus anfansdelapatrí habían salido por piernas. Ese gesto lo repetía a cada instante, pues aquella mañana los artilleros ruskis quemaban pólvora con entusiasmo, y con tanta granada y tanto raas-zaca-bum y tanto pobieda tovarich en el flanco derecho, había ratos en que el Petit y su Estado Mayor tenían la misma visión del flanco en cuestión que podía tener una fuente de salmonetes fritos. La verdad es que, desde aquella colina, el panorama del campo de batalla era impresionante: maizales chamuscados que humeaban, filas azules en retirada por la derecha o sosteniendo en el centro y a la izquierda, los campos salpicados de manchitas azules más pequeñas, individuales e inmóviles. Heridos y muertos a granel, casi tres mil a aquellas alturas del asunto, y todavía quedaba tajo para un buen rato. De pronto los cañones del zar soltaban una andanada en condiciones, las filas azules del 326 desaparecían bajo la humareda, y todo el mundo en la colina, bordados y entorchados en pleno del mariscalato imperial, contenía el aliento imitando al fulano de capote gris y enorme sombrero que oteaba el paisaje con el ceño fruncido. Después, un poco de brisa abría claros entre el humo para mostrarles al 326 que proseguía su avance en buen orden, el Petit sonreía un poco, así, a su manera, torciendo la boca como si acabara de confirmar una corazonada, y todos los pechos galoneados en oro, todos los comparsas que lo rodeaban a la espera de un ducado en Holstein, una pensión vitalicia o un enchufe para su yerno en Fontainebleau, suspiraban a coro compartiendo solícitos su alivio, mais oui, Sire, volia les braves y todo eso.
- Los va-van a de-descuartizar -tartamudeó el general Labraguette, resumiendo el pensamiento de los que estaban en la colina.
Labraguette era el optimista del Estado Mayor imperial, así que la cosa estaba clara. El 326 tenía por delante menos futuro que María Antonieta la mañana que le cortaron el pelo en la Conciergerie. Sin embargo, al oír a Labraguette decir aquello, el Enano se puso el catalejo bajo el brazo y apoyó el mentón en un puño, frunciendo el ceño. Era el gesto que siempre ponía para salir en los grabados y ganar batallas, y solía costarle a Francia entre cinco y seis mil muertos y heridos cada vez."


La sombra del Águila. Arturo Pérez Reverte. Pág. 41-44, editorial Suma de Letras S.L.


1. Aproximación literaria
Este texto pertenece a La sombra del Águila, una gran novela de Arturo Pérez Reverte. ¿Qué opinas sobre la historia que narra este texto?

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2. ¿Crees que hoy en día los líderes políticos también toman decisiones teniendo en cuenta su proyección en la historia?

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3.1. La Guerra de la Civilización