![]() |
"Es
proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre
lo posible.
Aquellos que se han ceñido prudentemente a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso" |
![]() |
||||
|
Revistas
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||
El proyecto nacionalista es, como hemos visto, ambiguo ideológicamente y puede vestir propuestas políticas tanto conservadoras como progresistas. Evidentemente desde cada una de estas posiciones se acabará hablando de nacionalismos buenos o malos, dependiendo de si el proyecto patriótico coincide, o no, con la militancia política de cada cual. Sin embargo, ésta es una visión superficial de la realidad nacionalista. Lo cierto es que unos y otros –los grupos políticos claramente reaccionarios y los supuestamente transformadores- acaban bebiendo en la fuente nacionalista de los mismos valores: la separación, la diferenciación o el establecimiento de fronteras políticas y sociales. Ello implica que, se quiera o no, desde las posiciones nacionalistas se defiende una visión absolutamente vertical de la sociedad, en la que privilegiados y marginales militan en una misma idea de patria, concepto y valor superior que se ha de defender y potenciar por encima de cualquier otro objetivo de igualdad y libertad. Para ello el nacionalismo busca confundirse con la idea de “identidad nacional” de grupo, entendida como un conjunto de rasgos étnicos o culturales, y así consolidarse como una mentalidad y no sólo como una opción política más. En otras palabras, en nacionalismo dice quién conforma el “Nosotros” nacional. Pero, ¿cómo ha conseguido el nacionalismo pasar de ser una mera opción política a convertirse en una mentalidad, en una visión del mundo y en un valor respetado y respetable por tendencias políticas enfrentadas? P odría decirse que el nacionalismo ha conseguido hacer creer que las fronteras inventadas son la realidad misma. Algunos teóricos de la patria defienden cierta transposición mágica según la cual el territorio otorga un carácter particular a sus habitantes, distinguiéndolos del resto del mundo. Los catalanes son así y los andaluces son asá. ¿Todos? ¿por el hecho de nacer en Andalucía o Cataluña? ¿Los catalanes del campo y de la ciudad? ¿Los andaluces de la montaña y de la costa? Como si hubiesen nacido con la barretina puesta o el sombrero cordobés bajo el brazo. Y aparece el estereotipo: catalanes trabajadores y andaluces vagos, dice el tópico. Que les pregunten a los obreros andaluces emigrantes a Cataluña sobre las jornadas laborales que tuvieron que asumir para beneficio de sus empresarios catalanes. Cortijo ajeno del que huyeron y cortijo ajeno al que se vieron nuevamente adscritos. Atrapados de nuevo. Los de Andalucía y los de cualquier otro origen. Absurdo. Esta visión del “nosotros” se sustentaba con argumentos pseudo-científicos de la superioridad biológica de unas razas sobre otras. Blancos sobre negros, arios sobre latinos… Este discurso alimentado desde los sectores dominantes (evidentemente, los que se creían racialmente superiores) cultivaba esta visión racial, construyendo la figura del fanático racista. Argumentos que la misma biología ha ridiculizado, pero que han dejado un pasado de horror. Terrible ficción. E n los últimos tiempos se ha desarrollado una visión de la cultura en la que se otorga una excesiva importancia a las diferencias culturales entre los seres humanos, potenciándose a su vez un presunto “derecho a la diferencia” por encima de otros valores. Este “culturalismo” ha acabado ocupando los espacios que el racismo tradicional ha ido dejando libre, y se ha convertido en la base teórica de las conductas xenófobas actuales ligadas a los nuevos nacionalismos. El viejo racismo ha tomado la forma más políticamente correcta del etnicismo. Este nuevo discurso xenófobo, surgido del relativismo cultural, buscaba eliminar la creencia de que existía una superioridad de unos pueblos sobre otros, pero este mito de la superioridad racial acabó transformado en una visión estática y esencialista de la cultura que, en la práctica, ha acabado legitimando prácticas de exclusión o asimilación. Todas las culturas son respetables, vienen a decir, pero no deben evolucionar ni entrar en contacto con otras para no ser destruidas o contaminadas. Cada cuál ha de estar en su sitio y cualquier cambio es peligroso. Todo lo ajeno a esta realidad cultural nacional, por lo tanto, es una amenaza y debe ser rechazado. El “extraño” al proceso de construcción nacional debe colaborar en su asimilación o exiliarse. No hay salida posible. Así, el fundamentalista nacional ha dejado de ser el antiguo racista defensor de la diferencia en razas, para transformarse en el integrista cultural, defensor de culturas nacionales y patrioteras amenazadas en su pureza por los extraños y sus culturas. Un pequeño cambio camaleónico para perseguir el mismo objetivo: darse jerarquía, dotarse de autoridad y asegurarse privilegios dentro de los límites de la nación. En una palabra: Estado. Por ello no es de extrañar que sigan apareciendo grupos ultras en todos los países, articulados alrededor de partidos neofascistas que proclaman abiertamente el odio al extranjero. Son la consecuencia y expresión del racismo institucional, cuya defensa de la patria pasa por la miopía de unos pensamientos que no entienden más que el lenguaje de los puños y las pistolas. Pero el territorio en el que se nace es una circunstancia y la cultura es una construcción social que se modifica y cambia, y desde luego no justifica ni explica ninguna frontera, y mucho menos un supuesto “carácter nacional”. La partida de nacimiento o el deneí que tendrán los hijos de eslavos, latinoamericanos, asiáticos o magrebíes que pueblan el actual territorio peninsular harán saltar en pedazos esta teoría. Y será desde la imposición de una cultura oficialista, anclada en el tipismo folklórico y expandida por un forofismo simplón, desde donde se buscará forzar una cultura homegeneizadora, encorsetada y estática que derivará en un esencialismo inmovilista en el que afianzar los arquetipos nacionales. Pues si algo tienen en común los diversos nacionalistas, aparte del odio y la exclusión mutua, es el temor al apátrida, el miedo al nómada, el aborrecimiento del internacionalista que no se doblega a sus deseos de ser encerrado en unas fronteras ni limitados por ninguna esencia nacional. Gentes que dan su bienvenida al constante fluir de las cosas y no temen, más bien anhelan, el cambio. Sin miedo a la intemperie no necesitan ni quieren la protección de ningún estado.
1. Explica la siguiente idea: "Así, el fundamentalista nacional ha dejado de ser el antiguo racista defensor de la diferencia en razas, para transformarse en el integrista cultural". ................................................................................................................... .................................................................................................................... ................................................................................................................... 2. Relaciona las siguientes ideas: "Identidad" y "Mentalidad". ................................................................................................................... .................................................................................................................... ...................................................................................................................
................................................................................................................... .................................................................................................................... ...................................................................................................................
Visionado .................................................................................................................... ....................................................................................................................
2. Reflexionar sobre la identidad nacional a partir de esta película. .................................................................................................................... .................................................................................................................... Recurso 2
1. Análisis del entorno. .................................................................................................................... .................................................................................................................... .................................................................................................................... 2.
Haz una relación de los medios que usan los representantes de las distintos nacionalismos para convencer de sus creencias a la gente de tu entorno. .................................................................................................................... .................................................................................................................... ..................................................................................................................
.................................................................................................................... .................................................................................................................... .................................................................................................................... .................................................................................................................... .................................................................................................................... ....................................................................................................................
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|