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"Es
proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre
lo posible.
Aquellos que se han ceñido prudentemente a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso" |
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Artículos
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Inmigración:
La nueva Esclavitud |
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Este artículo analiza el racismo que se articula, en acorde a las políticas de la Unión Europea, hacia los inmigrantes, con la persistente ayuda de los medios de comunicación. Así se consigue alimentar estereoptipos y mitos que ayudar a crear la figura simbólica del inmigrante, impulsándole hacia la exclusión y la subordinación social.
· Dos pasajeros
en un compartimento de tren. · Un bote
salvavidas abarrotado de náufragos. Con estas metáforas se retrata la percepción existente sobre esa "gran migración" ante la que nos alertan continuamente políticos y medios de comunicación: una invasión que amenaza con destruir la civilización occidental. Sin embargo, el mismo Hans Magnus Enzensberger (1992) se encarga de poner en evidencia el principio defensivo del sistema que se desprende de tal visión: "quien pretenda protegerlo ante eventuales ataques externos, se encontrará ante un dilema. Porque cuanto más intensamente se defiende y cuanto más se amuralla una civilización frente a una amenaza exterior, menor será lo que finalmente quede por defender. Y en cuanto a los bárbaros, no es necesario que esperemos su llegada; siempre han estado entre nosotros". Sin embargo, la inmigración agita colectivamente a nuestras sociedades modernas. A los ojos del "occidental" los inmigrantes constituyen una invasión, un riesgo a su situación laboral, una provocación que esporádicamente estalla en brotes racistas o xenófobos. Es esta una imagen construida con la inestimable ayuda de los medios de comunicación de masas "que subrayan sistemáticamente el lugar de nacimiento de un delincuente si éste es del mundo pobre, pero que además tienden a explicar el subdesarrollo del sur como producido a partir de la ignorancia de los pueblos afectados y su escasa capacidad técnica y organizativa" (Juliano, 1993). Así, Europa se debate nuevamente en medio del pánico ante la amenaza de la inmigración exterior, un fenómeno tan antiguo como el mundo y que todas las generaciones creen sufrir como nunca. En este sentido, la política europea en materia de inmigración y asilo se ha dirigido hacia el control férreo de fronteras, siguiendo la idea de "fortaleza europea" para defenderse de los "bárbaros" procedentes del mundo subdesarrollado. Todo ello se ha canalizado a través de acuerdos internacionales y de recomendaciones concretas para restringir las admisiones, sobre todo a los estados que forman la línea de vanguardia ante la llamada área del Sur. Dice Manzanos (1994) que esta situación de inseguridad se ha reforzado en los últimos tiempos, debido a que los gobernantes y formadores de la opinión pública se han dedicado a cultivar la espiral de extranjeros/racismo/xenofobia: ayudan a crear un clima de ansiedad sobre la "avalancha" de inmigrantes. El conjunto de políticas articuladas frente a los extranjeros (Ley de Extranjería, Ley de Refugio y Asilo) o las políticas policiales y penales que les afectan (Ley de Seguridad Ciudadana, Código Penal, Ley de Enjuiciamiento Criminal) son armas en manos del Estado para regular y frenar esta migración. Para el análisis, de entrada, tendríamos que tener presente que el concepto de extranjero-inmigrante es ya de por sí un "concepto ideológico". González Ordovas y García Inda (1992) dicen que "no es un hecho "natural", sino social y, por tanto, histórico (y todavía más ideológico, si se puede decir así, es el concepto de inmigrante ilegal). (...) Lo que quiere decir es que no hay inmigrante sin mercado. Y no hay inmigrante sin ley. O más aún, que una determinada condición del emigrante corresponde a una determinada condición del mercado y de la ley". Así, en este sentido puede hablarse de extranjería como ideología, configurada en distintos niveles, uno de los más importantes es el jurídico-político. Siguiendo con González y García (1992), la ideología de la extranjería contribuye a ver la realidad de la inmigración alrededor de una serie de mitos: · el mito
del delincuente: · el mito
del clandestino: · el mito
del trabajador subalterno:
Para explicar las "direcciones" que toman los movimientos de población económicos, tradicionalmente se han propuesto las perspectivas teóricas de "expulsión-atracción" y de "la oferta y la demanda". Siguiendo a Portes y Borocz (1985) podemos decir que: " las teorías de "expulsión-atracción" sobre las causas de la migración, según las cuales los países emisores deberían ser los más deprimidos y las zonas más pobres. Así, los mayores flujos migratorios tendrían que tener su origen en Africa ecuatorial. Sin embargo desde esta aproximación no se explica las dinámicas de desplazamiento más generales que se están produciendo. " los modelos basados en la oferta
y la demanda, a su vez, aportan una explicación sobre la migración
que se centra en el incremento o interrupción de los desplazamientos
en base a las fases de crecimiento y caída del ciclo económico.
Realidad que tampoco se corresponde con los procesos migratorios actuales. Así, a partir del juego de estas variables, el carácter de la inmigración se modifica y va variando. Abad (1993a) dice que las principales características de la inmigración actual responden a: " marginación creciente de
la actividad económica inmigrante: " carácter permanente: " ilegalidad: Por lo tanto, en el caso europeo se constata una evolución. El inmigrado de los años setenta, era en general un trabajador, llegado sin su familia, alojado en un albergue o sobreexplotado por un "traficante de sueños" (Wieviorka, 1994), que residía cerca del lugar de trabajo. Una categoría de obrero caracterizado por ocupar el lugar más bajo dentro de las relaciones de producción. Posteriormente, se inició la sedentarización y el reagrupamiento familiar, pero al inmigrante ya no se le identifica como una "víctima" de la explotación en el trabajo y la sobreexplotación en el alojamiento, sino que es visto cada vez más como una inquietud, como un problema. En el caso español, y concretamente
en Cataluña, según el Colectivo IOE (1992) se configuran
una "situación diferencial" de la inmigración
extranjera: " La combinación de la tendencia
expansiva de la inmigración del Tercer Mundo y la política
restrictiva al respecto hace previsible un nuevo crecimiento de la inmigración
regular. " Los inmigrantes constituyen un
segmento importante del mercado del trabajo secundario en Catalunya,
porque acceden a puestos de trabajo eventuales, con baja remuneración
y jornadas prolongadas, muchas veces sin garantías legales y
con escasas posibilidades de promoción social. La mayoría
de estos puestos de trabajo pertenecen al sector agrícola, la
construcción y los servicios menos cualificados (hostelería,
servicios personales y domésticos, venta ambulante, etc.) Podemos destacar de todo ello que, por tanto, a pesar del crecimiento experimentado en la última década. Siguiendo los datos que aportan las distintas investigaciones y, en palabras del Colectivo IOE (1999): "el volumen de la inmigración es relativamente reducido y la proporción de residentes y trabajadores no alcanza el 1% y el 2% de habitantes y ocupados autóctonos, respectivamente. Además, se trata de una inmigración caracterizada por una importante diversidad interna y que se inscribe en un mercado de trabajo fuertemente fragmentado que reclama personas dispuestas a aceptar empleos sin garantías de ningún tipo". A pesar de ello, en España se
definió una política de inmigración de marcado
carácter policial y con una importante ausencia de programas
de índole educativa, social o laboral. Siguiendo con el Colectivo
IOE (1994), el Estado español "se ha preocupado más
por satisfacer los requisitos para ingresar en el grupo de Schengen
que por diseñar medidas de estabilidad jurídica e integración
social para la minoría de inmigrantes económicos".
Política perfectamente coherente, por otra parte, con el papel
de guardián de la Frontera Sur que le ha reservado la Comunidad
Europea al Estado español.
No puede hablarse de inmigración sin contemplar medidas de integración y poner los medios necesarios para llevarla a cabo. El desarrollo de las zonas urbanas marginales hace que la lucha contra la exclusión se convierta en una prioridad. La dimensión del problema justifica el establecimiento de medidas de renovación urbana, de lucha contra el paro y de inserción social. No es pertinente un enfoque policial, pero tampoco debería considerarse un sistema de cupos si el sistema jurídico que se establece propicia situaciones de irregularidad institucional. Por tanto, siguiendo con Santos (1993), se ha de incidir en una visión que no sitúe a un mismo nivel la migración, el terrorismo y el narcotráfico. Es decir, no se ha de establecer un binomio correlativo de la migración-delincuencia, para evitar un tratamiento fundamentalmente administrativo-policial que, además, se está demostrando reiteradamente ineficaz. En realidad, un control de flujos desde una perspectiva policial tiene el efecto perverso de aumentar la clandestinidad, pero no el de cortar el proceso. Así, el persistente fenómeno migratorio incrementará de manera inevitable la diversidad y la existencia de grupos culturalmente distintos en nuestras sociedades. Sin embargo esa diversidad puede contemplarse de maneras muy distintas: desde un enriquecimiento hasta una atentado contra la identidad nacional. Evidentemente se ha de luchar por evitar una visión que profundice en el rechazo entre las sociedades y culturas, pero conviene también prevenirse contra una visión idílica del pluralismo cultural. Si no se prepara adecuadamente el terreno de la convivencia aparecen inconvenientes que cuando "cristal·litzen com a problemes no resolts creixen les dificultats per coexistir en la diferència. El reconeixement als immigrants de drets socials, i fins i tot polítics, no és suficient per establir les bases d'una societat pluricultural si subsisteixen entre ells els sentiments de discriminació i repressió cultural" (IOE, 1992). Lo relevante del pluralismo cultural
de las sociedades desarrolladas de nuestros días, es que se trata
de un "pluralismo desigual". Así, las relaciones interculturales
que se establecen vienen determinadas por las condiciones estructurales
en que se realiza la inmigración. Como dice Abad (1993) "tanto
por su procedencia como por su creciente marginalización, las
minorías étnicas inmigrantes ocupan una posición
económica y socialmente subordinada. Esto quiere decir que las
relaciones entre minorías inmigrantes y mayorías nacionales
son "asimétricas" y se realizan bajo el signo de la
"dominación" y la explotación". Por ello,
se puede afirmar que no sólo caminamos hacia un pluralismo mayor,
sino también hacia una mayor "dualización" por
el agravamiento de las desigualdades. Además, siguiendo al Colectivo
IOE (1994) resulta llamativo el escaso número de autóctonos
que ha tenido relación directa con extranjeros: el 80% de los
españoles no se ha relacionado nunca con sudamericanos, marroquíes
o africanos negros. Así, si esta rápida "formación
de opinión pública" no obedece a la experiencia directa,
queda claro que se opina "de oídas". De esta manera,
las opiniones o actitudes discriminatorias serán un indicador
de la existencia previa de prejuicios alimentados por el mensaje de
los medios de comunicación. En estas circunstancias: · por otra parte, habitualmente se insiste en que los estratos sociales más bajos tienden a desarrollar actitudes discriminatorias más intensas, sin embargo la mayor discriminación en el ámbito socio-político (impedimento para que voten los extranjeros, por ejemplo) la expresan los sectores sociales de condición socioeconómica alta. Así, dos suelen ser los
argumentos que aparecen para justificar el rechazo al inmigrante. Uno
es cuantitativo: "son demasiados"; otro es social: "generan
problemas". Hay una percepción acrítica que degenera
en rechazo social sin que la auténtica realidad de una discriminación
institucionalizada lleve a una reflexión o compromiso ligado
a "una crítica del modelo socioeconómico que genera
paro estructural masivo, que cada vez crea más empleo bajo diversas
formas de precariedad y que aboca a un núcleo significativo de
la población a trabajar de forma irregular y sin derechos sociales
(Colectivo IOE, 1994).
4. INMIGRACIÓN: ENTRE CLASE Y RAZA
1. La explicación económico-estructural
de la inferiorización del inmigrante tiene limitaciones significativas: -puede dar sólo una respuesta limitada al resurgimiento de los nacionalismos. Aunque este fenómeno pudiera explicarse en términos de grupos de poder, estos grupos no coinciden plenamente con las clases sociales tradicionales. De hecho, habría que inscribir este proceso en el progresivo desplazamiento de la identidad de clase hacia otros tipos de identidad: sexo, cultura, origen, etc. En realidad, la conciencia de clase parece estar en franco retroceso, resultando imposible la explicación de ciertos fenómenos más o menos recientes en base a una teoría tradicional de clases sociales. Por tanto, es la propia concepción de lucha de clases la que debe ser revisada y actualizada, ubicando correctamente el fenómeno étnico en el conjunto de los conflictos sociales contemporáneos. 2. Pero también, la significación del concepto de etnia plantea algunas restricciones: -el determinismo etno-cultural eleva
la etnicidad a categoría absoluta explicativa: sólo la
etnia es generadora de cultura y además esta cultura determina
al individuo de tal forma que niega toda posibilidad de elección
libre. En este sentido, aparece como una interpretación unidireccional,
haciendo recaer el peso de la adaptación a los grupos étnicos
mediante su adecuación a la nueva sociedad por lo que se busca
la asimilación y el objetivo de una supuesta sociedad monocultural. Por tanto, los análisis suelen agruparse en torno a dos bloques: o bien se trata de enfoques estructurales (ya sean de corte marxista, o no), o bien de enfoques predominantemente culturalistas. Desde el primer punto de vista, lo relevante son las condiciones estructurales a partir de las cuales se realizan las relaciones interétnicas. Desde el segundo, lo que importa no son tanto estas condiciones estructurales, cuanto la forma en que los grupos representan simbólicamente dichas relaciones. Podemos decir que ambos enfoques son parciales. Las migraciones y las relaciones interétnicas son "hechos sociales totales", es decir, siguiendo a Abad (1993b), "hechos que reproducen y a través de los cuales es posible leer el funcionamiento de la sociedad en su conjunto y que, por tanto, ni las migraciones en sí mismas, ni las relaciones de los grupos que se forman a partir de ellas, pueden entenderse desde perspectivas parciales, ya apelen a determinantes económicos, ya apelen a la cultura". Ya sea desde la perspectiva economicista o culturalista, tanto la segregación étnica como la marginación de clase son relaciones de subordinación. Por tanto, si queremos comprender la auténtica naturaleza del problema, no hemos de olvidar que las relaciones entre inmigrantes y autóctonos no son igualitarias. Por ello, "cualquier política de integración debería combinar el enfoque culturalista con el estructural, desde el momento en que la marginación se produce tanto a partir del rechazo de su especificidad étnico-cultural como del mantenimiento de su posición de clase subalterna" (Giménez, 1991). Entendemos, por tanto, con Blanco (1995)
"que en las sociedades receptoras de inmigrantes se produce un
solapamiento de estratificaciones: la de clase y la de etnia, raza o
cultura. Ambas ejercerán su función como administradores
de estatus de los trabajadores extranjeros, asignando una posición
específica a los miembros de cada etnia y de cada clase social".
Así, se puede hablar, y no sólo por analogía, de
etnocentrismo y de racismo de clase refiriéndose al rechazo y
a la segregación que se produce sobre los grupos dominados. Siguiendo
a Gignon (1993) "ambos racismos se entrelazan: el emigrado es excluido
a la vez porque es extranjero, porque procede de un país pobre
y menospreciado, y porque forma parte, en general, de las capas más
bajas de las clases populares". Ambos descansan sobre los mismos
principios: una combinación de segregación social -apartheid-
y de exclusión simbólica -estigmatización-.
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