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"Es
proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre
lo posible.
Aquellos que se han ceñido prudentemente a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso" |
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CEL |
Enseñar
historia es ¿educar para la guerra? |
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| Este artículo trata de analizar
la relación entre historia, guerra y enseñanza. Se defiende
la idea de que la enseñanza actual está educando para
la guerra y no para la paz como se pretende. Afirma que la historia
que se enseña es una historia de la guerra ya que haciendo un
análisis de los contenidos se puede comprobar que en muchos casos
los procesos de cambio en la historia vienen determinados por las victorias
de unos y las derrotas de otros. Es decir, la historia como motor del
progreso. Enseñar historia es, por tanto, una enseñanza
de la guerra. 1. GUERRA EN LA HISTORIA, GUERRA EN LA ENSEÑANZA
Parece que la desproporción es abrumadora. Lógico, podría responder una mente bienpensante. La distancia cuantitativa entre "guerra y enseñanza" ha de ser abismal pues no están directamente relacionadas. Antes al contrario. Nuestra "enseñanza" está encaminada a educar para la paz. La guerra forma parte de la historia como un "hecho" objetivo, pero no se educa para la guerra. "Ya" no se educa para la guerra. Desde la perspectiva de la actual enseñanza se informa de las "guerras del pasado" como un acontecimiento más -deleznable si se quiere- de un tiempo bárbaro que ha sido superado por un avance y progreso lineal hacia un mundo de armonía y democracia. No hay más que buscar en los objetivos terminales de cualquier programa educativo para ver que se presentan de manera transversal los objetivos de educación para la paz y la resolución de conflictos por la vía del entendimiento. No importa que las instituciones impulsadoras del proyecto educativo sean estatales o privadas. Pueden ser ministerios de cualquier signo, comunidades históricas y no históricas, diputaciones de mayoría conservadora o socialdemócrata, ayuntamientos nacionalistas o eco-comunistas. Y también centros de enseñanza privada desde la primaria hasta los postgrados, cursos de autoayuda o de idiomas y las mil fórmulas de educación complementaria a los sistemas más o menos reglados. Sin embargo, si introducimos un término como "paz" en el programa que nos captura la información en la red veremos que los dígitos vuelven a caer. Encontramos un millón y medio de entradas menos... Quizás la paz esté menos presente en nuestra realidad mediática de lo que desearían los diseñadores de los programas educativos formales, no formales e informales. Tanto de los considerados de carácter público o de los concebidos como un mero negocio. Pero si en un curioso afán por ampliar estos datos introducimos en ese buscador conceptos que deberían estar distantes de la idea de "guerra" y más cerca de los de "historia" o "enseñanza" puede que se incremente nuestra perplejidad. "Libertad" está presente en 1.880.000 entradas, igualdad en 562.000 y un término como "justicia" aparece sólo en 248.000. Es impresionante lo lejos que nos encontramos de los casi cinco millones de "guerra" o los más de tres millones de "historia". Es evidente que este muestreo no tiene nada de "científico". No pretende serlo. Si volviésemos a entrar mañana en el mismo buscador e introdujéramos las mismas palabras tendríamos cifras distintas. Pero curiosamente coincide con una realidad presente en los programas educativos aunque no lo esté en sus declaraciones de intenciones, es decir, en sus objetivos. Podemos afirmar que la historia que se enseña en la actualidad es una historia de la guerra. Si hacemos un análisis de los contenidos veremos que en muchos casos los procesos de cambio en la historia vienen marcados por las más cruentas batallas. Los periodos históricos vienen determinados por las victorias de unos y las derrotas de otros. El motor del progreso y la historia es la conquista o expansión de unos pueblos sobre el resto. Los protagonistas son los grandes señores de la guerra como Alejandro, Julio Cesar, Carlomagno, Abd-el-Rahman, Jaume I, el Duque de Alba o Napoleón. Demasiadas veces la cultura, la sociedad, la economía o la política de tal o cual periodo histórico queda subordinada a la figura de éstos "protagonistas" de la historia. El hilo conductor de los contenidos destacados son los acontecimientos ligados al conflicto bélico de turno. En torno a la guerra. Como si el único escenario posible de la historia fuera el campo de batalla. Así enseñamos que los conflictos
se han solucionado con la imposición del ejército más
fuerte sobre el más débil. Enseñamos que la cultura
se ha difundido gracias a la expansión de las legiones romanas
o que el liberalismo encontró un mayor eco por el expansionismo
napoleónico. Que los Tercios llevaron a las Indias explotación
y abusos, pero también abrieron el camino a los misioneros cristianos
que alfabetizaron a los "poco civilizados" habitantes del
nuevo continente. La Cruz y la Espada de nuevo unidas. La guerra fue
la "solución" o el factor de "progreso".
La enseñanza de la historia, por tanto, es una enseñanza
de la guerra. Nuestra actual educación es más una educación
para la guerra que no para la paz. 2. GANAR LA GUERRA, GANAR LA HISTORIA
Podemos encontrar los casos que queramos. En 1991, por ejemplo, el Ministerio de Educación japonés aprobó un nuevo y controvertido libro de texto que, en opinión de los críticos, minimizaba las atrocidades del ejército imperial en la primera mitad del siglo pasado. Se quería, por tanto, educar en una nueva visión de la historia. Ya Emma Goldman nos advertía que "cuando un niño se convierte en hombre, es minuciosamente saturado con la creencia de que ha sido elegido por el mismo Señor para defender su país contra el ataque o la invasión de algún extranjero. Es por ese propósito por el que clamamos por un ejército y armada mayores, más acorazados y munición. A la gente se le urge para que sean patriotas... incluso sacrificando a sus propios niños. El patriotismo requiere de la obediencia a la bandera, que significa obediencia y agilidad para asesinar al padre, la madre, el hermano, la hermana". Una visión del pasado que lleva a potenciar un determinado sentimiento patriótico y, a la larga, militarista.
3. EL NACIMIENTO DE LA HISTORIA: HISTORIAS DE LA GUERRA
Su relato de las guerras Médicas le proporcionó gran fama. Los Nueve Libros de Historia, la obra en sí, es una de las primeras historias escritas a tan gran escala, fue también la primera obra importante que se escribió en prosa griega. Herodoto nos ha dicho que debemos desear la paz, pero ya en los objetivos de su obra señala que quiere "glorificar" las obras humanas historiando la guerra. Más de la mitad de la obra se refiere a los antecedentes de la guerra, y el resto a la propia contienda. Es una paradoja que se reitera en otros autores. Aunque fue criticado por incluir con exceso de credulidad cuanto le relataban, los estudiosos modernos refrendan incluso partes impregnadas de aparente "fantasía". Tenía cierta inclinación a magnificar la magnitud de los ejércitos y de los contingentes navales enfrentados en las batallas que narra y, además, aunque tendía a reflejar hechos de la tradición oral o escrita conocida en su tiempo, en ocasiones tiende a novelar imaginando diálogos entre sus personajes. Herodoto, haciendo grande a la Historia, ha conseguido hacer grande a la Guerra. La tercera referencia es Tucídides. La otra gran aportación de la Antigüedad al nacimiento de los estudios históricos. Como es sabido, escribió una Historia sobre la guerra del Peloponeso. Tucídides pretendió que su obra fuera un tesoro para siempre. Quería la inmortalidad de su obra y al tiempo la suya. Era un autor contemporáneo a los hechos y conscientemente fue un historiador político. Lo que no debía saber es que fue uno de los primeros. Cuando se pregunta sobre la causa última
que desencadenó la guerra entre espartanos y atenienses no duda
en afirmar que "fue el temor que los lacedemonios tuvieron de los
atenienses, viéndoles tan pujantes y poderosos en tan breve tiempo".
Tucídides entendió que, si bien en un principio Esparta
se había dejado arrastrar a la guerra por sus aliados (Corinto,
Mégara, etc.), Esparta era la verdadera enemiga y la verdadera
causante de la guerra al lanzarse a lo que se dio en llamar una guerra
preventiva contra Atenas. Con todo, Tucídides, desde el inicio
de su obra, indica que la guerra era inevitable y destaca también
el expansionismo imperialista y militar ateniense y, por tanto, el temor
que éste suscitaba en Esparta y sus aliados. Señala que
ambos bandos acudían a la guerra en un punto álgido de
su potencial bélico y económico, junto al impulso de obtener
más poder, caracterizado en la ambición ateniense para
ampliar su imperio. La guerra como solución de conflictos y como
escenario de enfrentamientos para el poder. 4. DIOS Y PATRIA: UNA EDUCACIÓN PARA LA GUERRA
Tras Herodoto y Tucídides, Polibio. Sus Historias se centran en un período que comienza con la Primera Guerra Púnica y acaban a finales de la Tercera. La finalidad de su obra, explicada por él mismo, es muy clara: "el tema sobre el que intentamos tratar es un único hecho y un único espectáculo, es decir, cómo, cuándo y por qué todas las partes conocidas del mundo conocido han caído bajo la dominación romana". Queda bastante claro. Podríamos continuar con Cayo Julio César, Salustio, Tito Livio o Tácito... la historiografía medieval, seguir con el Renacimiento hasta la Ilustración. El siglo XIX o nuestro "pacífico" siglo XX. Uno de los temas favoritos de los historiadores es la Guerra y las lecciones que nos aporta. Lecciones de las que debemos aprender. Lecciones de cómo a pesar de su horror han abierto caminos al dominio, a la grandeza, al poder... La guerra es un asunto demasiado grave para confiárselo a los militares, decía Clemenceau. Quizá también lo sea para dejársela los historiadores que hablan de la guerra como ejemplo de grandeza de unos pueblos sobre otros, de unas civilizaciones sobre el resto, de unas naciones sobre todas las demás. Y quizá tampoco habría que dejarla en manos de los educadores que consciente o inconscientemente relacionan guerra con progreso. Progreso ligado a la grandeza de los individuos o de los pueblos. Grandeza cuyo origen es la guerra y por tanto la crueldad, el abuso o la violación. Así, en el estudio de la historia y, por supuesto, en la educación los que peor servicio hacen a la Historia y a la Educación son aquellos historiadores y educadores que hablando de la Guerra pretenden educar para la paz, pero lo hacen de manera abstracta y superficial. Hipócrita muchas veces. Desde un pensamiento acrítico proponen la paz como alternativa para la guerra sin cuestionarse las estructuras de poder que la potencian, la alimentan y se benefician de su existencia. Ya en su momento, el famoso historiador
-y no precisamente por su progresismo- Thomas Carlyle señalaba
que "la guerra es una pelea entre dos ladrones demasiado cobardes
para luchar por sí mismos; así que cogen a los chicos
de un pueblo y otro, los meten en uniformes, los equipan con armas y
los sueltan como bestias salvajes los unos contra los otros." Por
ello se necesita una educación crítica que deje en evidencia
las coartadas que alimentan y justifican las guerras y las tramas de
poder que se apuntalan tras ellas: si no educamos contra las "religiones
verdaderas"; si no educamos contra el "orgullo nacional",
contra las "patrias" (el último refugio de los bribones,
según Samuel Johnson); si no educamos contra las diferencias
culturales que separan y dividen en autóctonos y extranjeros;
si no educamos contra la sumisión, contra la pasividad... no
estaremos educando para la paz, aunque lo parezca. - Collingwood, R. G. Idea de la
historia. F. C. E., México, 1952.
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